La revolución del “shale oil” en el mundo – Guillermo Yeatts

Desde el año 2007 la producción mundial de energía  ha comenzado a alejarse de los proveedores  tradicionales en Eurasia y el Oriente Medio, en la  medida en que los productores comenzaron a aprovechar  los recursos de gas y petróleo no convencionales en todo  el mundo.  La mayor revolución, sin embargo, tuvo lugar en los  Estados Unidos, donde los productores aprovecharon dos  tecnologías viables para liberar recursos considerados comercialmente  inviables: la perforación horizontal y la fracturación  hidráulica o fracking, que utiliza la inyección de  fluido a alta presión para liberar el gas y el petróleo de la  formación rocosa. En este contexto, el 2014 fue el año de  mayor producción de crudo desde 1986, de acuerdo a los  datos del Departamento de Energía.  La producción norteamericana promedia nueve millones  de barriles diarios -el triple de lo que fue cuatro años  atrás- en los que la producción del estado de Texas representa  una tercera parte. Entre 2007 y 2012, la producción  de “shale gas” de los Estados Unidos creció de cinco al  treinta y nueve por ciento del total. Este boom productivo  fue exitoso en la reversión de la larga declinación en la  producción de petróleo crudo y gas en aquel país.  Estados Unidos es hoy líder mundial en producción de  energía, habiendo superado el año pasado a Rusia como

Estados Unidos es hoy líder  mundial en producción de energía,  habiendo superado el año pasado a  Rusia como el mayor productor de gas  natural del mundo” 

el mayor productor de gas natural del  mundo. Si bien aún Arabia Saudita es  el mayor productor de petróleo del  mundo, los Estados Unidos podrían  desplazarlo en ese puesto en el año  2016, según un informe de la Agencia  Internacional de Energía.  El auge de la producción de energía  está siendo impulsado en parte por  los avances en la tecnología de extracción  que creó la revolución de esquisto  (“shale gas”). Esta innovación es consecuencia  de los incentivos institucionales:  la propiedad privada, la cual -en un  contexto de reglas de capitalismo- ha  despertado la riqueza dormida, transformándola  en un recursGUILLERMO YEATTSo esencial.

  Incentivos  institucionales

La gran diferencia entre lo que sucede  en los Estados Unidos y el resto  del mundo es la propiedad privada del  subsuelo, lo que permite que pueda ser  explotado sin interferencia del gobierno.  En los países donde la propiedad

La sociedad, en general, se beneficiaría a  partir de la transferencia de riquezas desde  el sector político hacia el sector privado.”

del subsuelo es estatal, los principales  riesgos son políticos: regulaciones gubernamentales  vinculadas a la fijación  de precios, las remesas de ganancias,  así como la aprobación de las exportaciones  de la producción que brinda  energía de bajo costo al mercado interno.  El riesgo geológico hoy se ha simplificado,  ya que –por ejemplo- el  tiempo de perforación de una roca sedimentaria  es de una semana y no ya  de seis meses, como sucedía en la era  previa al “shale oil”. Y si el precio del  petróleo crudo cayera por debajo del  punto de equilibrio, el pozo se podría  cerrar y podría ser reabierto cuando  fuera rentable la producción.  Otro efecto del “shale oil” es institucional  y tiene que ver con las consecuencias  de la caída de los ingresos  públicos de los países petroleros. Los  presupuestos de los gobiernos de estos  países para el 2014 estaban suponiendo  un punto de equilibrio del precio  por barril de 135 dólares en Irán, 120 en  Venezuela, 100 en Rusia, 92 en Arabia  Saudita, 75 en Omán y 71 en Kuwait.  En consecuencia, debieron realizar importantes  recortes en los gastos para  2015 y los acuerdos de participación en  el mercado de los miembros de la OPEP  para evitar guerras de precios.  Aunque muchos países poseen estos  depósitos, nadie cuenta con un  entorno industrial tan favorable como el de los Estados Unidos, caracterizado  por miles de emprendedores del petróleo  y del gas, en lugar de una única  compañía nacional de petróleo. La  revolución energética de América del  Norte es grande y sólo aumentará en  importancia en la medida que los emprendedores  vayan reduciendo el costo  de la perforación direccional para  acompañar la futura caída de precios  en el mercado. Estados Unidos ofrece  como ventaja a los emprendedores, de  ser el mayor importador de petróleo  crudo, contando con la infraestructura  física necesaria y careciendo de riesgo  político para la producción local, a partir  de los derechos de propiedad del  subsuelo.  Tal incentivo existe porque estos  son emprendedores (accionistas),  mientras que en las grandes petroleras  los ejecutivos (empleados), carecen de  ese incentivo para reducir los costos  de perforación, por no redituarles una  ventaja personal inmediata.  La propiedad estatal del subsuelo a  lo largo de la historia ha tenido consecuencias  profundamente negativas, no  sólo para la economía sino también -en  el caso del petróleo- para los consumidores  en todo el mundo. El poder de  controlar la producción, de despilfarrar  recursos, de determinar los precios de  los mercados nacionales ha producido  inestabilidad política, corrupción y  pobreza. El oligopolio de la OPEP -que  aumentó los precios- ha llevado al resto  de los países e industrias a participar  en emprendimientos de alto riesgo en  los últimos años, con un precio del petróleo  más de 100 dólares por barril.  Una sincera privatización –que otorgue  a los individuos derechos sobre el  subsuelo- posibilitaría a naciones potencialmente  ricas pero empobrecidas  romper con este círculo vicioso. Esto  podría hacerse simplemente a través  del reconocimiento a los propietarios  de tierras de su derecho sobre cualquier  riqueza mineral que se encuentre  por debajo de su propiedad. Estos  derechos deben incluir el derecho a  comprar, vender, comerciar, y heredar  esos bienes. Es difícil predecir cómo se  verá el nuevo mercado del petróleo si  la propiedad del subsuelo fuera transferida  desde el control estatal a los propietarios  de la superficie. Pero el nuevo  entorno crearía un nuevo conjunto de  incentivos para aumentar el crecimiento  y la productividad.  El cambio tiene que ver con liberar  las mentes de las restricciones del gobierno.  Apelará a la iniciativa de miles  de propietarios de la superficie que  descubrirán nuevas oportunidades de  negocio tales como el petróleo y el gas  de esquisto, como una forma de de generar  ganancias.  La sociedad, en general, se beneficiaría  a partir de la transferencia de  riquezas desde el sector político hacia  el sector privado. Mayores recursos se  asignarían a exploración y a producción,  y una mayor producción beneficiaría  a los consumidores globalmente.  Al mismo tiempo, una menor cantidad  de recursos estaría a disposición de las  élites políticas para ser distribuidos entre  sus amigos, promoviendo sus propias  ambiciones y, en algunos casos,  financiando al terrorismo.  La propiedad privada del subsuelo  asegurará de que los beneficios -así  como los costos de la producción de  petróleo- se mantendrán en el sector  privado, premiando al eficiente y castigando  al que no lo es. Esto, a su vez,  aumentará la productividad y la prosperidad  general. Asimismo, como los  ciudadanos obtendrán ganancias económicas,  el poder civil y social aumentará,  y el poder político se reducirá, lo  que tendrá como efecto el debilitamiento  de los regímenes autoritarios  en el Medio Oriente, África y América  Latina.